Historia del Seminario

     El edificio actual del Seminario se inauguró el 4 de Noviembre de 1799, siendo Obispo de Astorga D. Francisco Isidoro Gutiérrez Vigil. En el año 1999, doscientos años después, vio la luz una publicación dedicada a esa historia bicentenaria por parte de uno de los antiguos profesores de la casa, D. Bernardo Velado Graña. Con memoria agradecida a él y a la vida y edificio del Seminario, ofrecemos aquí un resumen de dicha publicación.

LOS INICIOS (de Trento a 1750)

 

El proyecto genial y la palabra “Seminario” cristalizaron en el Concilio de Trento (1545-1563). Antes de esto, la preparación de los sacerdotes en nuestra Diócesis Asturicense se canalizó a través de la Escuela Catedralicia y en los diversos monasterios que existieron.

Nuestro Obispo Pedro de Rojas (1591-1595) tuvo el proyecto tridentino como una de las metas más importantes de su mandato. Consiguió la Cédula Real de Felipe II como fundamento legal que protegía la erección del Seminario; él logró que el Deán y Cabildo Catedralicio tomaran como suya la empresa, hizo una repartición con arreglo a las rentas decimales como base económica e incluso llegó a redactar unas Constituciones detalladas en 22 capítulos. Cuando todo prometía un éxito feliz, se encontró con la incomprensión y la oposición del Clero, resistente a cooperar con parte de sus rentas a la fundación y mantenimiento del nuevo centro.

Otros sucesores trataron de hacer lo mismo con idéntico resultado: Antonio de Cáceres (1595-1615), Alfonso Messía de Tovar (1615-1626), Francisco Aguado (1677-1688). Éste último llegó a decretar la erección del Seminario, insertar Constituciones, agregar beneficios, comisionar al Doctoral, Dr. Flórez Mora, pero la realidad se impuso de nuevo y, al no contar con los medios necesarios, el proyecto no llegó a realizarse.

 

PRIMERA ETAPA (1750-1894)

 

El Seminario erigido por Francisco Javier Sánchez Cabezón (1750-1767)

     Éste Obispo fue el que puso en marcha el Seminario, sin renunciar por ello a un edificio nuevo. Compró con sus ahorros una casa frente a la actual Iglesia Parroquial de Santa Marta, ya que “la antigua casa destinada para Seminario está muy deteriorada y resulta poco cómoda para residencia de los muchachos y está muy distante de la Iglesia Catedral”.

     El 1 de Noviembre de 1766 fue la apertura. La pequeña comunidad estaba formada por un Vicerrector, cuatro colegiales y un fámulo. Dos mujeres cuidaban de la cocina y de la limpieza. Pronto llegaron siete seminaristas más. Aportaban como pensión dos mil reales y doce libras de chocolate cada uno. Les servía de capilla la histórica de San Esteban, que está al otro lado de la calle.

     Recién comenzado este proyecto, a los dos meses, fallece el Obispo, y le sucede Juan Manuel Merino Lumbreras (1769-1782). El nuevo prelado tuvo que afrontar el acuciante problema económico y recurrió al Rey Carlos III y al Papa Pío VI, hasta lograr autorización para un gravamen del 1,5% de todas las rentas decimales. Esto preparó el terreno para que el edificio del Seminario llegase a ser una realidad.

 

Se inicia el Seminario Nuevo con Antonio Andrés López (1783-1787)

     Después de un año de sede vacante y tres de pontificado, este Obispo, en el año 1786 puso la primera piedra del edificio, junto a la desaparecida capilla del Carmen, tal como atestigua su lápida sepulcral en la Capilla de la Concepción de la Catedral: “Puso la primera piedra del Seminario Conciliar”.

     Murió a los pocos meses y le sucedió Manuel Abad y la Sierra (1787-1790), que continuó las obras conforme a unos nuevos planos del arquitecto de la Corte, Guillermo Casanova.

     El 24 de Abril de 1788 se acordó poner en la portada del Seminario la estatua de María Santísima de la Concepción como titular de él como había ordenado Carlos III a nuestro Obispo Abad y la Sierra el 4 del mismo mes y año. En 1800 ya está colocada, en piedra blanca de Boñar, la estatua, obra de D. Mateo Núñez.

 

Se inaugura el Seminario Nuevo por Francisco Isidoro Gutiérrez Vigil (1791-1805)

     Desde su llegada a Astorga, este Obispo impulsó decididamente las obras del Seminario para abrirlo cuanto antes. Él visitaba personalmente las obras y mandó aumentar el número de operarios que trabajaban en ellas.

     En dos fases sucesivas se proyectaba recibir a 42 seminaristas en la primera y 90 en la segunda. Juan González fue el Maestro director de las obras y Juan Manuel de Ayete, el Sobrestante. Francisco Rivas, Arquitecto del Hospicio de León, asesoró al Obispo en la edificación y en el presupuesto.

     A media construcción, el día 4 de Noviembre de 1799, fue el acto solemne de inauguración del edificio y, al día siguiente, la apertura del curso. El primer claustro de profesores estaba formado por el Dr. Juan de Herrera, Rector y Catedrático de Sagrada Escritura y Concilio, junto con siete Doctores que daban la Teología y la Filosofía. Había oposiciones públicas a las cátedras.

     El 7 de Octubre de 1801 se obtuvo la Real Cédula de incorporación a la Universidad de Valladolid para poder acceder a los grados correspondientes, adaptando plan, nivel y textos, consiguiendo así la validez civil, que desde una Real Provisión de 1771 no se les reconocía a los estudios hechos en colegios y seminarios.

     Sobre la puerta del Seminario, en una cartela, un texto epigráfico latino perpetúa este acontecimiento: SEMINARIUM ECCLES. A. R. MDCCLXVI ERECTUM A FRANC. XAV. CABEZONIO DECESS. SUO FRANC. GUTERIUS VIGIL ASTUR. EP. INSTAURAVIT, OPTIMISQ. LITTERIS CONSTITUIT, AC B. M. V. SINE LABE CONCEP. ET TURIBIO EP. DICAVIT PIO VI S. P. VITA FUNCTO, CAROLO IV H. R. DIE XVIII OCTOB. ANN. MDCCXCIX.

     (Este Seminario eclesiástico, erigido en el año 1766 de la Redención por Francisco Javier Cabezón, muerto él, Francisco Gutiérrez Vigil, Obispo de Astorga, lo inauguró, lo dotó de óptimas Constituciones y lo dedicó a la Bienaventurada Virgen María y al Obispo Toribio, habiendo muerto el Sumo Pontífice Pío VI, siendo Rey de las Españas Carlos IV, el 18 de Octubre de 1799).

     Francisco Isidoro Gutiérrez Vigil murió en 1805, cuando estaba en su residencia de Santa Marta de Tera (Zamora). Allí fue embalsamado y, tres días después, su cuerpo fue sepultado en la Capilla Mayor del Seminario, junto al actual retablo de Santo Toribio.

 

El Seminario durante la Guerra de la Independencia (1808-1814)

     La vida pujante del Seminario en crecimiento, tal como se refleja en la certificación enviada por el Rector a Carlos IV el 6-6-1800, se vio bruscamente interrumpida de 1808 a 1814 por la Guerra de la Independencia. La situación estratégica de Astorga convirtió esta ciudad en teatro de encarnizadas luchas y cercos repetidos y angustiosos.

     Dos cursos enteros, de 1808 a 1810, fueron de nula actividad. Y en los años siguientes, el número de alumnos descendió vertiginosamente a 47. Antes de esta Guerra, en 1807, eran más de 200 alumnos, de los cuales 119 eran teólogos.

     El Seminario fue sucesivamente hospital y cuartel. El Obispo de entonces, Manuel Vicente Martínez Jiménez (1806-1816), no pudo continuar las obras que había dejado muy avanzadas su predecesor. Fue Presidente de la Junta de armamento y defensa de Astorga. Expulsado de su palacio por Napoleón, que se alojó en él con sus mariscales, tuvo que refugiarse en Santa Marta de Tera (Zamora) y en Las Ermitas (Orense). Es tradición oral que Napoleón subió por las escaleras principales del Seminario montado a caballo.

     Nuestro Obispo, perseguido por los franceses, huyó a Braganza (Portugal), de donde no pudo regresar hasta 1814 cuando los franceses fueron expulsados de España. Fue promovido al Arzobispado de Zaragoza en 1816.

 

El Seminario en la época del Regalismo y la Ilustración.

     Una Real Cédula de Carlos III, firmada en 1768 sobre “Erección de Seminarios Conciliares para la educación del Clero” urge que se cumpla lo establecido por Trento y desciende minuciosamente a detalles más propios de unas constituciones y reglamentos internos de la misma Iglesia. Más tarde, durante los años 1820-1823, las corrientes liberales irrumpen en la enseñanza. El Obispo de entonces, Guillermo Martínez Riaguas (1819-1824), reclama al Ministerio de Gracia y Justicia que no suprimieran los conventos en poblados de menos de 450 vecinos, como se desprendía de la Orden gubernamental.

     La reacción absolutista de alianza entre el Trono y el Altar no tardó en sobrevenir (1824), tachada por los liberales de clerical y escolástica; pero por lo que se refiere a los Seminarios, acentúa la secularización y el centralismo, urgiendo la incorporación inflexible a los planes de estudio de las universidades correspondientes a cada uno.

 

Las Constituciones del Seminario de 1826 y 1830

     Para compensar las ingerencias regalistas, dos obispos asturicenses redactaron unas Constituciones para regular la vida entera del Seminario, la de los alumnos internos y la de los externos, dentro y fuera del Seminario: Manuel Bernardo Morete Bodelón (1825-1828) y Leonardo Santander y Villavicencio (1828-1832), su sucesor. La primera vio la luz en 1826, de la que se conservan dos copias: la original y otra nueva, más clara, de 1830.

     En los treinta capítulos de estas Constituciones se describen detalladamente aspectos importantes de la vida del Seminario: oficio, preeminencias y obligaciones del Rector, Vicerrector, Padre Espiritual, cualidades de los que han de admitirse, vestido de los colegiales, Días en que deben asistir a la Catedral, Informe de la conducta, Urbanidad, Comida, ejercicios literarios, penas y castigos de los colegiales, etc.

     Estas constituciones se enriquecieron con dos suplementos añadidos por el Obispo Santander y Villavicencio en 1829 y 1832 respectivamente, de los que se conserva copia en la Rectoral.

 

El Seminario en el pontificado de Félix Torres Amat (1833-1847)

     De talante liberal moderado, intentó colaborar con el Gobierno de España, se esforzó por no desconectar el cristianismo del desarrollo cultural y científico, trabajó por una sólida formación de los sacerdotes y apoyó la reforma que reclamaban los distintos ambientes de la sociedad. El mismo año de su llegada, se abren los cimientos de la Capilla Mayor a cargo del Doctoral Vito Magaz.

     De este Obispo hace la semblanza D. Julián Barrio Barrio, antiguo Rector de este Seminario y actual Arzobispo de Santiago de Compostela, en la tesis doctoral que le dedicó, publicada en 1976.

     El signo más fehaciente de su apertura lo dio cuando un grupo de 25 Obispos españoles dirigieron al Papa Pío IX una carta colectiva (1836), en la que se quejaban amargamente del Gobierno Liberal, que en sucesivas desamortizaciones despojaba a la Iglesia. No sólo no la firmó sino que, con el Obispo de Barcelona, envió a la Santa Sede un Informe muy diferente.

     Desde su primera Carta Pastoral programática de julio de 1834 se ocupa con ahínco del Seminario y, en agosto de ese mismo año, le dedica íntegramente la segunda con la que intenta regular toda la vida del Centro: plan de estudios, pedagogía, personal, vacaciones. Rector y profesores intentaron dar vida al nuevo y ambicioso plan de estudios. Y los alumnos respondían.

     La Guerra Carlista se apoderó del Seminario con tal ardor que tristemente se vio convertido en “Casa Fuerte” y cuartel hasta el 1 de octubre de 1840. De nuevo, el Obispo intenta reorganizar el Seminario y, en una Carta Pastoral de agosto de 1840, confiesa que sólo puede dar la oportunidad de estudio a una treintena de alumnos, teólogos, filósofos y gramáticos, con preferencia a los mayores. “El Seminario no es para corrección de díscolos sino para educación e instrucción de jóvenes morigerados”.

     El Obispo Torres Amat residía casi habitualmente en Madrid, desde donde enviaba gran cantidad de libros, ante el lamentable estado en que estaba el Seminario, a causa de penuria económica.

     En el verano de 1843, una vez más, por causa de las guerras, se convirtió el Seminario en “Casa Fuerte” hasta noviembre, en que sube al trono Isabel II, y todo vuelve a la normalidad. Durante estos tiempos difíciles, las clases continuaron impartiéndose en otros alojamientos provisionales. Con estos avatares vividos, habiendo comenzado la construcción de la Capilla Mayor del Seminario, murió nuestro Obispo Torres Amat el 29-XII-1847 en Madrid y fue sepultado en la iglesia de Montserrat de esta ciudad. Su lema episcopal era aquella sentencia de San Agustín: In fide unitas, in dubiis libertas, in omnibus charitas.

 

El Seminario en el reinado de Isabel II (1843-1869). Inauguración de la Capilla.

     Tras la muerte del Obispo Torres Amat, en la primera mitad del año 1849, Sede Vacante, las Autoridades y ciudadanos de Astorga acudieron a la Reina Isabel para que no se suprimiese la Diócesis Asturicense, ya que por entonces se extendió rápidamente el rumor de que se ajustarían las diócesis a las provincias.

     En julio llegaba la gran noticia de que se había propuesto como Obispo de la Diócesis a Juan Nepomuceno Cascallana (1850-1852). Continuó las obras de la Capilla Mayor hasta donde le fue posible. En su pontificado se promulgó un nuevo y efímero plan de estudios, en el que se legisla sobre los alumnos externos que ya no podrán acceder a los grados. En enero de 1852 fue promovido al Obispado de Málaga.

     Le sucede Benito Forcelledo y Tuero (1852-1858). En septiembre de 1852 se publica el que bien pudiera llamarse Primer Plan de Estudios para los Seminarios Conciliares de España, hecho por la Nunciatura Apostólica y la Jerarquía Eclesiástica, aunque fuera promulgado por la Reina Isabel II.

     Este Obispo publica un decreto en agosto de 1853 prescribiendo el orden y disciplina que han de observar los estudiantes del Seminario, con referencia especial a las posadas de los externos, controlando los cambios de residencia que han de conocer el Rector y los catedráticos.

     El curso 1854-55 se notó mucho la falta de alumnos. Por entonces, el Ministerio de Gracia y Justicia envió una Circular que prohibía la admisión de alumnos externos para no perjudicar a las Universidades. El Obispo Forcelledo reaccionó alegando que ni era excesivo el número de seminaristas ni sufrían detrimento las otras carreras. Su escrito logró que la Reina diera marcha atrás.

     Nuestro Obispo también protestó con dureza y claridad ante la sorprendente supresión de la 2ª Enseñanza en los Seminarios por Real Decreto del 29-IX-1855. Llega a llamarla “sentencia de muerte” para los Seminarios. No era una exageración. De los 287 alumnos del curso 1854-55 en los años humanísticos, se pasó a cero en el curso siguiente.

     También este Obispo continuó las obras de la Capilla Mayor en la medida de las posibilidades hasta su muerte en San Martín de Manzaneda, en junio de 1858.

     Ya en Sede Vacante, ese mismo año, los días 15 y 16 de septiembre, la Reina Isabel II visita la ciudad de Astorga y nuestro Seminario, donde dejó algunos regalos. Le acompañaba su confesor, hoy santo, Antonio María Claret, el cual, según tradición oral, regaló el anillo que lleva en una de sus manos la imagen de la Inmaculada de la Capilla Mayor.

     En abril de 1859 llega a Astorga su nuevo Obispo, Fernando Argüelles Miranda (1859-1870). En agosto de ese mismo año, dio importantes “Disposiciones para el buen régimen interior del Seminario”. Él cumple la feliz tarea de sus predecesores y bendice la Capilla Mayor del Seminario el 9 de diciembre de 1860.

     La Capilla Mayor del Seminario se inició con planta y diseño del arquitecto leonés Perfecto González Gómez. Desde 1850 dirigió las obras el arquitecto Rafael Aquilino Franganillo, vecino de Astorga. La imagen de la Virgen Inmaculada que preside el retablo mayor es de madera policromada, obra del escultor catalán Castells y Grau. El Obispo Argüelles realizó también las obras del segundo cuerpo del edificio.

 

El sexenio revolucionario (1868-1874) y la Primera República (1873-1874)

     Los últimos años del Obispo Argüelles se vieron turbados por el ambiente revolucionario con supresión de las dotaciones económicas. Las revoluciones carlistas hicieron que nuevamente el Seminario fuese convertido en prisión el año 1869. En noviembre de ese mismo año, el Seminario fue sede para el Instituto Local de 2ª Enseñanza a petición del Alcalde, José González Prieto. Esto duró bien poco.

     En el sexenio revolucionario, el año 1870, muere el Obispo Argüelles al poco tiempo de regresar del Concilio Ecuménico Vaticano I. Desde ese año, hay otros cinco de Sede Vacante, en los cuales, sumando también la época de la Primera República, el número de alumnos descendió visiblemente. En el curso 1873-74 se redujo a 100 (77 teólogos y 23 filósofos).

 

El Seminario en el pontificado de Mariano Brezmes Arredondo (1875-1885)

     Llega a Astorga en diciembre de 1875, proveniente del Obispado de Guadix, durante cuyo pontificado fue también Padre Conciliar en el Vaticano I, junto con su predecesor asturicense. En los primeros años de la restauración borbónica, los seminarios mejoraron notablemente. Los estudios homologados con los civiles los pusieron al nivel de su tiempo y facilitaron la salida normal de los que no tenían vocación sacerdotal (1875-76).

     En agosto de 1885 publicó una Pastoral insistiendo en la necesaria vigilancia de la doctrina que se enseña, que ha de ser la de San Agustín y Santo Tomás de Aquino. Para la mejor formación y vida irreprensible de los alumnos, elaboró un Reglamento que envió al Rector para su observación. Murió en noviembre de ese mismo año.

 

El Seminario en el pontificado de Juan Bautista Grau y Vallespinós (1886-1893)

     En octubre de 1886, llega este Obispo a nuestra Diócesis. El Seminario lo recibió con la fachada encendida: más de 700 luces, signos del amor de los más de quinientos alumnos que frecuentaban sus aulas.

     En diciembre de ese mismo año, el día 23, un incendio destruyó completamente el Palacio Episcopal. Esto hizo que el Obispo Grau, junto con su servidumbre y oficinas, se instalasen provisionalmente en el Seminario, hasta el año 1995.

     En mayo de 1887 publica una Circular sobre el comportamiento de los seminaristas durante las vacaciones y exige un informe de los sacerdotes en sobre cerrado. En agosto salen nuevas disposiciones: procurar establecer más sucursales del Seminario, aulas de latín en poblaciones céntricas, enseñanza privada del latín a seminaristas pobres, etc.

     En diciembre de ese mismo año dio a conocer las nuevas Constituciones que regirán el Seminario, un manuscrito de 43 páginas que se conserva en la Rectoral.

     Este Obispo era amigo personal del genial arquitecto Antonio Gaudí al que encargó no sólo el nuevo Palacio Episcopal, sino también algunas reformas en el Seminario, como el claustro que conduce al comedor principal. En 1889, crea un Museo Arqueológico en el Seminario. Al año siguiente aparece la revista “El Criterio Tridentino”, en la que colaboraron profesores y alumnos.

     Murió nuestro Obispo en Tábara, durante la Visita Pastoral, el año 1893. Su capilla ardiente se instaló en el Seminario, organizada artísticamente por su amigo Gaudí. Su cuerpo fue sepultado en la Capilla de la Inmaculada Concepción de la Catedral.

     La muerte de este prelado fue también la de la obra del nuevo Palacio Episcopal que Gaudí había comenzado y que estuvo varios años sin terminar.

 

SEGUNDA ETAPA (1894-1961)

 

El Seminario en el pontificado de Vicente Alonso Salgado (1894-1903)

     Llegó nuestro Obispo a la ciudad de Astorga en noviembre de 1894. Siguiendo el empeño de su predecesor, potenció la vida de las preceptorías. Y así volvió a abrirse la de Puebla de Sanabria el 6-X-1895 en el Convento de San Francisco para estudiar tres años de latín y uno de filosofía.

     El Seminario, por esos años, llegó a superar los 700 alumnos. Por falta de espacio hubo de suprimirse el 1º de Latín de cara al curso 1896-97. A cambio se abrió una preceptoría de Latín en la ciudad de Astorga, en un local cedido por el Ayuntamiento, en la conocida calle de La Culebra.

     En lo que refiere propiamente al Seminario, éste fue el Obispo que encomendó la dirección del centro a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, desde el 8 de septiembre de 1897.

     Nuestro Obispo conoció personalmente al fundador de la Hermandad, Manuel Domingo y Sol, hoy Beato, en el Congreso Católico de Tarragona de 1894. Fue el primero de España aceptado por la Hermandad con el horizonte abierto para establecer un Colegio de Vocaciones con los alumnos externos.

     Por primera vez, en el curso 1897-98, se fijan las mismas fechas para el comienzo (15 de septiembre) y final de curso (15 de junio) en todos los seminarios de la provincia eclesiástica de Valladolid.

     En la primavera de 1901 se dedican las capillas laterales (antes puertas de entrada) a San José, Esposo de la Virgen, y a San José de Calasanz. En el curso 1902-03 se estrena el nuevo sistema de iluminación, desterrando el petróleo y utilizando el acetileno. En el verano de 1903, nuestro Obispo fue trasladado a la Diócesis de Cartagena-Murcia.

 

El Seminario en el breve pontificado de Julián Miranda y Bistuer (1904-1905)

     Este Obispo no llegó a visitar su Diócesis ni su Seminario, pero ello no le impidió comprender las verdaderas necesidades de ambos. Para el Seminario, hizo publicar un plan de estudios para que los jóvenes que en él estudiaban tuviesen los conocimientos científicos que exigían los tiempos de entonces en un sacerdote. En noviembre de 1905, fue promovido a la Diócesis de Segovia.

 

El Seminario en el pontificado de Julián de Diego y Alcolea (1905-1913)

     Este Obispo fue recibido con una espléndida velada del Seminario, que demostró su nivel y preparación. Para enriquecer la biblioteca personal de los alumnos instituyó en el Seminario la Caja de Crédito y Ahorro y Biblioteca circulante, en mayo de 1906.

     El Seminario tuvo mucha relación con el Círculo Católico de Obreros inaugurado el 10 de mayo de 1908, no sólo en su apertura sino durante el tiempo de su existencia y vitalidad. El 3 de octubre de 1909 bendijo nuestro Obispo el antiguo Seminario Menor convertido ahora en Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Siempre tuvo gran comunicación con el Seminario.

     En la conmemoración del primer Centenario de los Sitios, en 1910, el Seminario tuvo una activa participación. En ese mismo año, el afamado profesor seglar, Cancio Erasmo Gutiérrez Mallo, publicó una extensa Antología Latina que se difundió, lo mismo que su Gramática Latina, por muchos centros docentes.

     En octubre de 1911, publica nuestro Obispo un Decreto sobre el Plan de Estudios del Seminario, detallando, entre otras muchas cosas, las materias del examen de ingreso. En el curso 1912-13 se abre el importante Libro de Memorias. Llega hasta el momento actual con las crónicas leídas en los actos de apertura de cada curso; lo mismo que las listas de profesores, asignaturas, horarios de clase, libros de texto, planes de estudio, etc. En noviembre de 1913 fue trasladado al Obispado de Salamanca.

 

El Seminario en el pontificado de Antonio Senso Lázaro (1913-1941)

     En diciembre de 1913, es nombrado Obispo de Astorga el Rector del Seminario de Madrid, Antonio Senso Lázaro. Ya en su Carta Pastoral de saludo, en enero de 1914, se refiere al Seminario como objetivo de su predilección.

     Un nuevo plan de estudios se estrena en el curso 1914-15 que fue muy alabado. En Diciembre de 1914 se estrenó el órgano de la capilla, adquirido en una exposición de Vitoria. El 2 de febrero de 1915 se inaugura el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José, en la calle de San José de Mayo de Astorga. Es dirigido también por los Operarios Diocesanos, y sus alumnos acuden a las aulas del Seminario.

     En el curso 1915-16, una epidemia interrumpió el curso desde el 21 de marzo al 2 de mayo, tras lo cual se revocó y pintó el Seminario en su casi totalidad. En 1921 se celebra un homenaje a los fundadores de becas, con un funeral solemne y colocando sus retratos en la galería del claustro central, por iniciativa del Rector y del Obispo. En el curso 1925-26 se estrena la instalación eléctrica.

     El día de Navidad de 1929 se estrena una máquina de proyecciones, regalo del Obispo. Los viejos pocillos del chocolate fueron sustituidos en la Semana Santa de 1930 por unas magníficas tazas para el café con leche. De los 175 internos durante el curso 1930-31, sólo 88 pagaban la módica pensión completa, gracias a las fundaciones de becas y otras aportaciones.

     En octubre de 1934, nuestro Seminario recibió la visita del hoy Beato Pedro Ruiz de los Paños, entonces Director General de la Hermandad de los Operarios. Ese mismo año, para paliar las dificultades que todos los Seminarios atravesaban, se crea el “Día del Seminario”, con una cuestación oficial. En noviembre de 1935 es elegido Obispo de Málaga un antiguo alumno del Seminario, Balbino Santos Olivera, más tarde Arzobispo de Granada.

     Durante los tres años de la Guerra Civil Española (1936-39) no se interrumpió la vida en el Seminario, a pesar de la disminución de alumnos. Algunos de ellos fueron llamados a filas. El Seminario albergó también a alumnos de León y de Madrid. Muchos seminarios se habían convertido en hospitales.

     Cerca de 100 seminaristas astorganos, soldados, estuvieron en los distintos frentes de batalla. La comunicación del Seminario con ellos fue constante. Por el escaso número de alumnos se agruparon los teólogos en un solo curso y lo mismo los filósofos. Seis alumnos murieron en el frente y tres antiguos, Profesores y Superiores, murieron martirizados.

     La matrícula del curso 1939-40 creció por los nuevos ingresos y el retorno de los seminaristas soldados. De los 139 alumnos del año anterior pasaron a ser 285. Este crecimiento fue la tónica de los años siguientes. El curso 1940-41, a causa de la escasez de alimentos, tuvo que adelantar su final.

     El 21 de agosto de 1941, a las tres de la tarde, después de haber dado su bendición cantada, desde el lecho, falleció nuestro Obispo Senso Lázaro, a los 28 años de su ministerio episcopal. Su cuerpo fue sepultado en la Capilla de la Inmaculada Concepción de la Catedral.

     En diciembre de ese mismo año 1941, el día 31 de diciembre, tuvo lugar un suceso que marcó profundamente a todos los seminaristas que lo vivieron. Por aquel entonces, el Aula Magna era la Capilla de los Latinos. Allí mismo, el padre espiritual, Tomás Santos, dirigía una charla espiritual a todo el Seminario allí reunido.

     Pronunció más o menos estas palabras: “Queridos seminaristas: las cosas de este mundo no sean cadenas que nos atan, sino que sean escalera que nos suba al cielo”. A continuación se detuvo unos segundos, tosió por dos veces y repitió palabra por palabra lo que había dicho. A continuación, se desplomó y murió allí mismo. Entre algunos de los alumnos mayores y formadores sacaron en brazos su cuerpo hasta la clase de los Latinos, justo al lado del Aula Magna, donde comprobaron que, efectivamente, había muerto. En el mismo Aula fue instalada la capilla ardiente.

     Ya en los últimos días de este año 1941, cuando le presentaron la cartilla de rezo, según era costumbre, él mismo, como si fuera una premonición, dijo al que se la entregaba: “¿La usaremos?”.

 

El Seminario en el pontificado de Jesús Mérida Pérez (1943-1956)

     En el año 1943, se sitúa la Campaña del Seminario en septiembre, inmediatamente después de la recolección, para facilitar la colecta en especie, tan necesaria en tiempos de racionamiento. Tres meses después llega a nuestra Diócesis su nuevo Obispo, Jesús Mérida Pérez.

     Dos años después, en septiembre de 1945, dedica una Carta Pastoral al Seminario, en la que recoge una síntesis de las realizaciones conseguidas ya en esos primeros años: aparece la Escuela Preparatoria en octubre de 1944, junto con un nuevo y ambicioso Plan de Estudios, se hace una nueva y moderna Catalogación de la Biblioteca en constante ampliación, se amplía el Seminario por el mediodía con tres plantas: comedor, enfermería y dormitorio. Aparece también el Seminario Menor de las Ermitas ese mismo año. Se compra el sagrario de la Capilla Mayor y se construye una nueva cocina.

     En 1945 llega al Seminario uno de los rectores más recordados del siglo XX: Sixto Garrido Saldaña, por cuyo encargo se hizo la conocida capilla “Sixtina” en el coro de la Capilla Mayor. Entre otros muchos, se conserva en la retina de los seminaristas de entonces el recuerdo de una ocasión en que, debido a la falta de recursos, no se pudo tener la comida de un día, cosa que el mismo Rector comunicó entre lágrimas. Estuvo en el cargo hasta 1953.

     En el mes de octubre de 1948, la ciudad de Astorga y el Seminario viven la inolvidable visita de la imagen de la Virgen Peregrina de Fátima venida de Fontey en olor de multitudes. En el Seminario estuvo la noche del 5 al 6. Al año siguiente, en el mes de marzo, un Decreto promulga el “Reglamento del Seminario de Astorga”, ampliado en 1953, que abarca los campos disciplinar y escolar con toda amplitud y detalle.

     La mayor alegría de nuestro Obispo fueron las Ordenaciones Sacerdotales, en las que pasó de las mínimas a las más numerosas en medio siglo. Sólo en 1952, en el Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona, ordenó a 31 astorganos.

     El 24 de julio de 1954, pasó por el Seminario el entonces Cardenal Roncalli, hoy Beato Juan XXIII. Dos años después, el 14 de mayo de 1956, cuando faltaban pocos días para las Sagradas Órdenes, falleció inesperadamente nuestro Obispo al regresar de una peregrinación en Tierra Santa. Fue sepultado en el Santuario de Ntra. Sra. de Fátima, en la ciudad de Astorga.

     Quedaban en el Seminario por todas partes las piedras removidas para alzar el piso de la ampliación tan necesaria. La reforma se pudo inaugurar el 14 de octubre de ese año, coincidiendo con la apertura del curso. Trabajaron incansablemente durante 16 meses hasta más de 90 albañiles y colaboraron varios seminaristas mayores.

 

El Seminario en el pontificado de José Castelltort Soubeyre (1957-1960)

     En el Seminario, pletórico de alumnos, se aglomeraban el Mayor, el Menor y la Escuela Preparatoria: 487+90 en total. Nuestro Obispo dedicó sus energías al Seminario Menor de La Bañeza, que casi llegó a ultimar, aunque le costó serios disgustos. Quería que todo el año fuera “Día del Seminario”. Por esos años, en el curso 1957-58, apareció una Asociación de antiguos alumnos, de vida efímera.

     En 1959 creó la Junta “Pro Seminarios diocesanos” para integrar y potenciar la colaboración de todos los sacerdotes y fieles. Se constituye entonces la Hermandad de Amigos del Seminario como obra filial de la Pontificia de Vocaciones Sacerdotales impulsándola en todas las feligresías.

     A punto estuvo nuestro Obispo de trasladar su residencia al Palacio de Gaudí para dejar libre el Seminario, según las indicaciones recibidas por los Obispos reiteradamente desde la Nunciatura. Cuando preparaba su apartamento en el último piso, le sorprendió la muerte el 18 de agosto de 1960 a las mismas puertas del Palacio. Fue sepultado en la Capilla de San Jerónimo de la Catedral.

 

TERCERA ETAPA (1961-nuestros días)

 

El Seminario en el pontificado de Marcelo González Martín (1961-1966)

     Nuestro Obispo llegó a esta Diócesis de Astorga precisamente el Día del Seminario, un 19 de marzo de 1961. Dijo por aquel entonces: “La preocupación fundamental de mi vida episcopal va a ser ésta: la unión con mis sacerdotes y mis seminaristas”.

     En junio de ese mismo año, al terminar el curso, la Hermandad de Operarios Diocesanos deja la dirección del Seminario, para lo cual se escogió un grupo del clero diocesano, así como para la dirección del nuevo Seminario Menor de La Bañeza.

     En el Seminario se comenzó a radiar la Eucaristía de los Domingos y fiestas emitida por la COPE recién inaugurada, y poco después también la Eucaristía Dominical de la Catedral. La biblioteca estrenó una nueva sala de lectura abierta a la ciudad. Recibió por entonces valiosas donaciones, como la Patrología Griega y Latina de Migne, regalada por Félix Ríos Turrado, antiguo alumno.

     Los seminaristas siguieron por televisión la apertura del Concilio Vaticano II, el 11 de octubre de 1962. Al año siguiente, el 23 de mayo, publicó nuestro Obispo “El porvenir espiritual de nuestra Diócesis. Horas de crisis y esperanza”. Cuatro objetivos señala para el Seminario: Que se formen los seminaristas en virtud y ciencia; que los educadores sean los primeros en dar ejemplo; aspirar a los más altos niveles en lo espiritual; y alcanzar la cifra de mil seminaristas.

     El día 8 de diciembre de 1965, el Rector y el Vicerrector asisten a la Clausura del Concilio Vaticano II, acompañando a nuestro Obispo, que había asistido a todas las sesiones. Al año siguiente, el 20 de marzo, se inauguró una capilla para los teólogos, conocida popularmente como “Capilla Verde”, debido al color que tiene el suelo.

     Durante el pontificado de nuestro Obispo, muchos colegios impulsaron las vocaciones sacerdotales: “San Ignacio” en Ponferrada, “Pablo VI” en La Rúa, “San Andrés” en Vega de Espinareda y “Juan XXIII” en Puebla de Sanabria.

     El Seminario Menor de San José, en La Bañeza, inaugurado en octubre de 1961, llegó a tener 600 alumnos y fue el vivero normal de vocaciones que nutrieron el Seminario Mayor hasta el año de su cierre, en 1992.

 

El Seminario en el Pontificado de Antonio Briva Mirabent (1967-1994)

     Llegó nuestro Obispo a Astorga en 1967, y fue consagrado en la Plaza Mayor de la ciudad el 2 de julio.

     Desde el curso 1968-69 entró en vigor un nuevo Plan de Estudios Eclesiásticos conforme a las exigencias del Concilio y a las “Normae Quaedam” de la Santa Sede (28-5-1968).

     Fue necesario interrumpir el curso, de marzo a mayo de 1969. Así se pudo revisar a fondo la vida toda del Seminario, repensar con la mayor objetividad y con la serenidad precisa la situación que se estaba viviendo. El Obispo dio unos “Principios básicos de formación sacerdotal” que, juntamente con el Decreto conciliar “Optatam Totius” y la “Ratio institutionis Sacerdotalis”, son las normas que, en diálogo personal, aceptaron los Educadores y los Seminaristas decididos en su mayoría a volver.

     Las Exhortaciones Pastorales que cada año dedicó al Día del Seminario y a la Jornada de las Vocaciones prueban su clarividencia y su amor de predilección al Seminario; así como las homilías en las Órdenes, de hondura teológica y sapiencial, delineaban el rostro fascinante del sacerdote, imagen del Buen Pastor.

     El 16 de junio de 1974 se inauguró la reforma de la Capilla Mayor del Seminario Mayor según las normas conciliares. Al año siguiente, el 10 de marzo, fue inaugurado el presbiterio renovado del Seminario Menor de La Bañeza por Luis Dadaglio, Nuncio del Papa.

     Al trasladarse los estudios de B.U.P. del Seminario Menor al Mayor se remodelaron la 3ª y 4ª planta con nuevas habitaciones para los seminaristas de Estudios Eclesiásticos y las clases y laboratorios de Física, Química y Ciencias Naturales, destinadas a los cursos de Bachillerato y C.O.U.

     Adaptándose a la normativa docente, en 1973 fue aprobada la Calificación y Transformación del Seminario Menor como Centro de Enseñanza General Básica. Y en 1978 como Centro Homologado de Bachillerato Unificado Polivalente. La afiliación a la Facultad del Norte de España en Burgos fue concedida el 4 de marzo de 1975, para acceder a los Grados académicos.

     En las vísperas de la Asunción del Año Mariano de 1988, se colocó en uno de los jardines interiores una imagen de la Inmaculada en mármol blanco de Macael, obra del escultor astorgano Marino Amaya, en sustitución de una antigua de terracota, muy deteriorada, que había sido colocada allí en 1904.

     El 31 de diciembre de 1992 fue un día de júbilo para el Seminario y para toda la Diócesis. El Rector, Julián Barrio Barrio, fue nombrado Obispo Auxiliar del Arzobispo de Santiago. Dos años después, un 20 de junio, falleció inesperadamente nuestro Obispo, a los dos días de celebrar las que serían las últimas Órdenes de su Pontificado, tras 27 años al frente de esta Diócesis de Astorga.

     Su capilla ardiente fue la Capilla Mayor del Seminario, desde donde fue llevado su cuerpo hasta el sepulcro, a los pies de la imagen de la Majestad, en la Capilla del Santísimo de la Catedral.

 

El Seminario en el Pontificado de nuestro actual Obispo, Camilo Lorenzo Iglesias (1995…)

     Durante el año de Sede Vacante se comenzó la reforma de la parte del edificio en la que estaban las Oficinas del Obispado. Se remodeló para habilitar una nueva entrada desde la calle del Carmen y así independizar las nuevas dependencias diocesanas del resto del Seminario.

     El día 30 de julio de 1995, desde el Seminario, partió la procesión hacia la Catedral para la Consagración de nuestro actual Obispo. En el Seminario ha puesto sus mayores ilusiones y esperanzas. No en vano le ha dedicado ya su vida entera ya en Orense, su Diócesis de origen, como Profesor y Rector.

     En el orden material, nunca en su historia ha ofrecido el Seminario una imagen más bella y atrayente, dentro de sus nobles y severas líneas arquitectónicas: claustro más luminosos con nuevas cristaleras; los patios remodelados de cara a un polideportivo actualizado; las habitaciones y el menaje; los comedores alegres y luminosos; las aulas, los bancos de la Capilla Mayor…

     Toda esta gran obra terminada en el año 1998 y otras más pequeñas continuadas hasta el presente resplandecen equilibrando la modernidad con la tradición.

     El Seminario Menor de La Bañeza, después de serias deliberaciones y contratos, se le ha entregado a “Mensajeros de la Paz”, que con admirable dinamismo lo ha transformado en Hogar Geriátrico modelo con los horizontes abiertos a un desarrollo y crecimiento insospechado.

     En el año 1999, el Seminario cumplió sus primeros doscientos años en este edificio. La celebración solemnísima del Bicentenario ha sido enfocada como reflexión, esperanza y compromiso para el presente y el futuro, más que como memoria y gratitud por el pasado.

     El Seminario ha estado presente en la Exposición “Encrucijadas”, octava edición de “Las Edades del Hombre” en Astorga, con el cuadro de la Inmaculada pintado por Francisco Bayeu, cuñado de Goya, que preside el Aula Magna y que pudo ser la primera imagen de la Inmaculada venerada en el Seminario desde su inauguración. También se ha expuesto el manuscrito de Peñalosa sobre el Voto Inmaculista.

     Este cuadro de Bayeu estuvo también en la exposición celebrada en la Catedral de San Juan El Divino de la ciudad de Nueva York.

     Varios seminaristas vivieron el encuentro con el Papa en la Jornada Mundial de la Juventud en Roma del año 2000 y la totalidad de los seminaristas en la siguiente Jornada en Colonia 2005. El veinisiete de junio de este año se da la aprobación, en Resolución de la Junta de Castilla y León, de la autorización del Bachillerato de Ciencias de la Naturaleza y de la Salud en el Seminario.

     La década siguiente será difícil, por la escasez de vocaciones en el Seminario Mayor, lo cual llevó a considerar su cierre, y por el descenso en el alumnado interno en el Seminario Menor.

     El comienzo del Curso 2008-09 fue especialmente difícil. El Seminario Mayor se quedaba con un alumno y se había decidido su cierre. Pocos días antes del comienzo del curso, un joven llamó a sus puertas y eso evitó, por el momento, el cierre. El curso pudo llevarse a cabo, aunque con gran empobrecimiento.

     Desde el curso 2009-10 y hasta este 2011-12, surge un nuevo planteamiento. Ante la situación de pobreza que supone tener tan pocos alumnos en el edificio del Seminario, nuestro Obispo toma la difícil decisión de que los seminaristas de Astorga realicen su formación académica en dos lugares: la Facultad “San Dámaso” de Madrid y la Facultad de Santiago de Compostela.

     En el mes de agosto de 2011, el Seminario es lugar de acogida y encuentro para peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, en la que participaron la mayoría del Seminario Menor y todos los alumnos del Mayor, cuatro en ese momento, además de dos que entrarían para el curso próximo.

     El curso 2011-12 supone ya ver un poco de luz al final del túnel. Seis seminaristas realizan su formación académica: cinco en Santiago de Compostela y uno en Madrid. Aún así, hay que seguir rogando al dueño de la mies …

 

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